Horacio Chauque Perales (Foto: El Tribuno)

Conocida la denuncia del primero de sus víctimas, se conoció la segunda en contra del sacerdote. La víctima afirmó que fue violado por el sacerdote, quien también le prácticó sexo oral y lo sometió a agresiones.

Aunque los hechos sucedieron en 2016, dos años después de los abusos a un monaguillo en la parroquia de Cristo Rey, la segunda denuncia contra el sacerdote se radicó recién en los primeros días de noviembre de 2019. Según la misma, Chauque Perales llegó a la parroquia Nuestra Señora del Tránsito en el año 2016 como “vicario parroquial”, siendo monseñor Dante Bernacki, el titular de esa vicaría, ubicada en la esquina de avenida Reyes Católicos y Ameghino.

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Desde el principio, según el testimonio, el joven presbítero mostró confianza con el joven de 18 años que se convertiría en su segunda víctima y asistía regularmente a la Eucaristía y con el sueño latente de ingresar en Seminario. El joven contó que pronto el sacerdote lo invitó a almorzar en la parroquia cuando su superior no estaba en el edificio y que, concluida la comida, se sentó al lado del joven para tomarse una foto juntos.

La relación fue creciendo en confianza a base de nuevos almuerzos y cenas en donde el sacerdote se iba mostrando más humano y con un pasado de sufrimiento que atribuía al alcoholismo de un padre. No obstante, marcaba bien su posición dentro de la parroquia y nada se hacía sin su autorización o venia. Cuando el joven quería alejarse, interpretaba muy bien su papel de víctima, o bien, intentaba seducirlo con regalos y hasta le daba pequeñas sumas de dinero. Para el denunciante, el sacerdote no lo “quería perder”.

“Las actividades preferidas del padre Horacio, sin embargo, eran las invitaciones que le hacía a su víctima, tanto para ver películas en la parroquia o para que fuera a cenar, tras lo cual sucedían largas conversaciones, las que muchas veces se tornaban en desagradables. Un fin de semana, en las vacaciones de invierno de 2017, Chauque Perales tuvo una cena con el joven, en ese momento ya de 19 años. En la sobremesa, la charla se centró en reproches del cura a su ayudante. ‘Me decía que no le daba tiempo, que no le contaba mis cosas y que no lo mensajeaba’”, destacó el portal InformateSalta.

El mismo medio relató que la conversación no terminó bien, pues el sacerdote condujo al joven a su habitación por la fuerza. “Me agarró el brazo y me arrastró hasta la habitación, no fue muy violento el arrastre, pero sí puse un poco de resistencia, pues era una mezcla de sentimientos”, contó. Casi paralizado por el miedo, el sacerdote, al llegar al dormitorio, arrojó al joven en su cama. “Me tiró sobre la cama, yo quedé boca abajo. Me bajó los pantalones por la fuerza y agarrándome por los hombros me penetró”, relató. Sin poder moverse del shock, el sacerdote aprovechó y sacó su celular, con el cual tomó fotos mientras violaba a su víctima, tras lo cual se metió en el baño, de donde salió apesadumbrado al punto tal que se largó a llorar. “Tenía un gran lunar en la espalda”, agregó como prueba de lo sucedido.

Mientras lloraba, aseguró el denunciante, el sacerdote le pidió perdón. “Me levanté y me fui a mi casa. Nunca hablamos del tema. Al llegar a mi casa me fui a bañar, me sentía sucio. Sentía mucho dolor”, recordó amargamente.