El 21 de mayo de 1969 los estudiantes salieron a las calles. Exigían la renuncia de las autoridades de facto. Se enfrentaron a la Policía e intentaron destrozar el Club 20 de Febrero, símbolo del poder real. Crónica de un día histórico. (F.A.)

El jueves 15 de mayo de 1969, la Policía correntina reprimió una manifestación y mató al estudiante Juan José Cabral. La situación se repitió el domingo 18, en Rosario, donde Adolfo Bello también fue asesinado por el régimen liderado por Juan Carlos Onganía. Los dos asesinatos provocaron la movilización de estudiantes en distintos puntos del país, en medio de un clima social cada vez más caldeado. Eran los días previos al Cordobazo y al Rosariazo. Argentina vivía una grieta marcada entre la clase obrera y el poder económico y militar.

El día D para los estudiantes salteños fue el miércoles 21 de mayo de 1969. Durante una jornada histórica, los jóvenes de nuestra provincia se organizaron, exigieron el fin de la dictadura militar e intentaron lo imposible, atacar uno de los símbolos del poder real de la provincia: el Club 20 de Febrero.

“Fue indescriptible el desastre que dejó anoche como saldo la violencia estudiantil, en el Club 20 de Febrero. La irrupción de los mismos se produjo a las 21,05 momentos en que comenzaban a llegar a una reunión los invitados a la apertura del congreso de Psicología en dicha entidad”, informaba el extinto diario El Intransigente en su edición del jueves 22 de mayo de 1969.

Otro diario que ya no se publica, Norte, aseguraba, también el 22 de mayo, que “en el local del Club 20 de Febrero se llevaba a cabo una recepción de carácter oficial”. Y agregaba: “Un grupo de manifestantes se dirigió hasta allí, irrumpió en el salón de actos de la institución, destrozó algunos muebles y volcó varios automóviles. Entre ellos el coche oficial del Intendente Municipal, una rural particular del subsecretario Saravia Toledo y dos vehículos más. Uno de ellos se estaba incendiando en plena calle y fue salvado por los bomberos. El Juez Federal, doctor López Sanabria, que se encontraba en el Club 20, ordenó la presencia de la Policía Federal, la que comenzó a actuar desde entonces conjuntamente con la policía de la provincia”.

Un mes histórico

En “Acompañar el cordobazo. Movilizaciones obreras y estudiantiles en la provincia. Salta, Mayo del 1969”, los historiadores Alejandra Soler y Carlos Fernando Abrahan analizan lo sucedido en ese mes convulsionado que marcó el principio del fin de Onganía pero no de la dictadura autodenominada Revolución Argentina que había derrocado a Arturo Illia en 1966.

Al comenzar su trabajo, Soler y Abrahan aseguran que “en 1969, fracciones proletarias y pequeñas burguesas protagonizan una serie de huelgas políticas de masas que conmovieron el escenario nacional. Pero por sobre todo: con la irrupción de la clase obrera en la escena política, en medio de una crisis y división de la burguesía, se inauguró un proceso de características revolucionarias en Argentina, en sintonía con un escenario internacional”.

El trabajo, que se puede consultar en la web, contextualiza lo sucedido en Salta en ese mes agitado que formaba parte de un año no menos movido. Las protestas de trabajadores se realizaban con frecuencia y nuestra provincia llegó a protagonizar una de las primeras movilizaciones en contra de la dictadura: la “Marcha del Hambre”, realizada el 14 de febrero de 1969.

Los ánimos eran similares en distintas ciudades del país y los resultados eran siempre los mismos: protestas y represiones policiales. Así llegaron las muertes de Cabral y Bello.

Entre el 19 y el 25 de mayo ocurrieron protestas universitarias en todo el país. En Salta, el martes 20, en una asamblea de estudiantes a la que concurrieron unas quinientas personas, se decidió tomar la Facultad de Ciencias Naturales y acompañar el paro total universitario. Los secundarios también adhirieron.

Al frente

Los conflictos del miércoles 21 comenzaron temprano: poco después de la medianoche, la Policía desalojó la Facultad de Ciencias Naturales y detuvo a casi sesenta estudiantes que fueron liberados durante la madrugada.

Las crónicas del jueves 22 publicadas en Norte, El Intransigente y El Tribuno mostraban una ciudad copada por los estudiantes. También momentos inolvidables, como la fotografía de tapa del diario de los Romero, donde se podía ver a dos jóvenes atacar a un policía a caballo que apenas podía cubrirse.

Otra foto de El Tribuno mostraba a cuatro policías, de espaldas a la cámara, que disparaban a los estudiantes, tapados por vehículos dispuestos en medio de la calle. El epígrafe de la imagen informaba lo siguiente: “Mitre al 300. Hasta aquí también llegó el fragor de la batalla entablada ayer entre policías y estudiantes. Fueron 14 horas de constantes escaramuzas, en donde prevalecieron improvisados proyectiles que lanzaron continuamente los manifestantes, repelidos por los disparos de las bombas de gases y bastonazos propinados por los uniformados”.

“Un tenso clima se vivió durante casi toda la jornada de ayer a raíz de los disturbios provocados por grupos estudiantiles que desde las primeras horas convulsionaron con sus manifestaciones las adyacencias de varios establecimientos secundarios, incluso el propio centro de la ciudad, donde la policía se vio precisada de actuar enérgicamente para contener a una columna que pugnaba por ganar la vereda de la casa de gobierno”, informaba el diario Norte, haciendo referencia al actual Centro Cultural América, por entonces, sede del gobierno. El mismo lugar donde, aún antes, funcionaba el Club 20 de Febrero.

El mismo diario aseguraba que “a las siete de la mañana, dos bombas ‘Molotov’ estallaron cerca de las oficinas del Colegio Nacional (…). Allí, desde temprana hora se habían congregado pequeños grupos de estudiantes que iban arengando a los demás compañeros a unirse a la manifestación en homenaje a los estudiantes muertos recientemente en choques con la policía”.

En el Nacional, en la Normal y en el Instituto Secundario General Güemes, la situación fue la misma: los estudiantes se organizaron y sortearon todas las trabas impuestas por los directivos y la policía. Lograron salir de los establecimientos y marchar al centro de la ciudad. Norte lo describió de manera precisa: “Los estudiantes consiguieron ubicarse frente a la casa de gobierno, y allí gritaron toda clase de estribillos contra el gobierno local, especialmente contra el titular del P.E (Ing. Hugo Alberto Rovaletti). En esas circunstancias pasó por el lugar un jeep de la policía con el sub director de Seguridad, inspector mayor Sergio Amaya, recibiendo el vehículo y sus ocupantes una cerrada descarga de naranjazos que los obligó a retirarse precipitadamente”.

Tras diversos enfrentamientos en la zona del centro que ocurrieron entre la mañana y pasado el mediodía, los estudiantes volvieron a organizarse para marchar. Como lo retratan Soler y Abrahan, los jóvenes iban mucho más allá del origen de la protesta. Sus consignas eran claras y también emocionantes: “Que renuncie el gobernador”, “Abajo la dictadura”, “Pueblo sí, militares no” y “Asesinos”. Entre las cuatro y las seis de la tarde se produjeron nuevos enfrentamientos. A las siete se realizó una misa en la Iglesia San Francisco. A las ocho, los estudiantes marcharon otra vez a la Casa de Gobierno, donde fueron reprimidos nuevamente. Poco antes de las nueve, dieron la vuelta y marcharon hacia el Club 20 de Febrero.

A la caza del cholo

“El grueso de los estudiantes llegó a las inmediaciones del club, bifurcándose desde Virrey Toledo por Benjamín Zorrilla y Paseo Güemes. La mayor parte de los manifestantes luego de violentar las puertas de acceso que dan sobre el pasaje Del Milagro a la entidad, un número de casi 70, penetraron a las instalaciones y el salón donde se realizaría la recepción, sembrando pánico y confusión, aprovechando esa circunstancia rompieron muebles, vajillas y cristalería, ante la impotencia del personal de servicio que pugbnaba por frenar la acometida. Dos mozos no identificados fueron lesionados”, relataba El Intransigente.

En el mismo artículo, el diario informaba: “Mientras tanto, los que quedaron afuera acometieron con violencia contra automotores estacionados frente a la puerta principal del Paseo Güemes, y se contabilizó el vuelco de cuatro automóviles y uno incendiado. Entre los dados vuelta y que sufrieron, además, la ruptura de todos los vidrios y abolladuras de chapas, se cuenta el del Intendente Municipal (Ricardo J. Spangenberg)”.

La crónica sobre el incidente en el Club finaliza de la siguiente manera: “Al entrar la policía en acción, con mayor severidad, los estudiantes que estaban dentro del salón del club 20 de Febrero ya habían salido y se reunieron con los que aguardaban afuera. Al acometer las fuerzas del orden, los manifestantes, de forma desordenada, se dieron a la fuga, no sin antes tratar de enfrentar a las autoridades con toda clase de proyectiles: piedras, maderas y toda clase de objetos que se ponían a su alcance. Hubieron varias detenciones posteriores que no se dieron a conocer”.

El Club 20 de Febrero, inaugurado el 1 de enero de 1858, es, según describe su propia página web, el lugar de cita de “toda nuestra buena sociedad”. La sede actual, atacada por los estudiantes, fue inaugurada en 1958. Se trata de un establecimiento donde se reúnen hombres y “las señoras de los socios”. Allí se realizan actividades de tinte aristocrático a las que, por supuesto, está prohibido asistir de zapatillas, ojotas, jeans o bermudas.