El álbum pinta la oscuridad del proceso y arroja una seguidilla de clásicos indestructibles.

El disco La grasa de las capitales, segundo álbum del grupo Seru Giran, cumple cuarenta años en estos días y las redes comenzaron a recordarlo y a celebrar las nueve canciones que lo conforman, varias de ellas indestructibles.

Desde su portada (una clara burla a la revista Gente y a las publicaciones de poco valor periodístico), la banda de Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro ya anunciaba que tenía algo grande entre manos. La música y las letras lo confirmaron.

Con este disco, el grupo ocupaba el lugar que todos le auguraban en sus inicios pero que no se concretó por el desencuentro inicial entre los músicos con el público y la prensa. Esta vez, el cuarteto ya afianzado internamente, entregó un repertorio de mayor solidez, inapelable. Desde el comienzo de «La grasa de las capitales», con su desafiante verso inicial: «¿Qué importan ya tus ideales, qué importa tu canción?».

El disco era una muestra de la clara contracultura que representaba el rock cuando éste movimiento aún no había sido cooptado por aquello que despreciaba: las publicidades, lo mainstream, lo comercial, aquí representado principalmente por la música disco, por entonces muy mal vista en el ambiente vernáculo. «Te encanta caretear, ser aceptada donde te odian más», canta Charly en «Perro andaluz», la tercera canción del álbum.

Pero la placa también daba lugar a una oscuridad siniestra, muy del tiempo de la dictadura militar. «Noche de perros», «Viernes 3 AM», «Paranoia y soledad», marcan el sendero.

A partir de La grasa de las capitales, Seru Giran se convirtió en el grupo más importante del rock argentino. Los discos siguientes, Bicicleta y Peperina, aumentaron la leyenda.